|
Adiós a un coloso urbano: demuelen el Toreo
de Cuatro Caminos, que, además de foro de la fiesta brava, box y luchas, sirvió
de escenario a concentraciones del panismo.
Trabajadores
comenzaron con el retiro de las láminas del domo.

El legendario Toreo de Cuatro Caminos,
inaugurado el 23 de noviembre de 1947 y escenario de múltiples eventos taurinos,
deportivos, sociales y culturales, comenzó a ser destruido por sus nuevos
dueños, Grupo Danhos, firma que se encargaría de la construcción de la Torre
Bicentenario.
Este lugar recibió tal nombre al ser
construido en la antigua hacienda de Los Leones, el punto de intersección de los
cuatro caminos que comunicaban a la ciudad de México con Cuautitlán, Tacuba y
Huixquilucan por su importancia comercial.
El Toreo fue construido originalmente en la
ya antigua colonia de La Condesa, en los terrenos que ahora ocupa en las calles
de Durango la tienda El Palacio de Hierro. El Toreo fue demolido y piedra por
piedra se trasladó a Cuatro Caminos, en donde se reconstruyó. Nunca fue
terminado.
Incluso, fue hasta 1968 cuando se decidió
colocar el domo (lo hizo la firma Campos Hermanos, especializada en la industria
de herramientas y ligada al político Carlos Hank González).

Ahora, los 25 mil metros cuadrados del predio
se convertirán
el próximo año en un centro comercial
y de servicios y formará parte del entorno en que se edificará el Viaducto del
Bicentenario.
Ahí, el 12 de septiembre de 1982 El Santo
realizó su último combate y también allí se realizaron peleas memorables de
Rubén Púas Olivares, Julio Cesar Chávez o Ultiminio Ramos. Todas ellas hicieron
vibrar al país entero.
De los miles de aficionados que a dos de tres
caídas y sin límite de tiempo aglutinaron los alrededores del cuadrilátero en
que se presentaron Canek, Tinieblas, Blue Demon y André el Gigante ya no queda
ni su sombra.
Apenas y permanece en pie un oscuro pasillo
cubierto de polvo por el que salían los gladiadores de sus vestidores. Un palco
a ras de pista luce aún en condiciones decorosas, mañana ya no. Sólo queda la
memoria de las familias más prominentes que lo ocupaban para deleitarse en una
corrida de toros, de esas que sólo duraron un par de décadas.
El avance de la demolición va en 30 por
ciento y se pretende terminarla entre seis y ocho meses, para comenzar el
proyecto a cargo del arquitecto Javier Sordo, quien construyó centros
comerciales de la talla de Antara, Moliére 222 y Angelópolis.
Aquella taquilla que en sus inicios se
abarrotó para ver a Manuel Capetillo o Miguel Espinosa Armillita, sin olvidar a
Joselito Huerta y a Manolo Martínez, quedó en ruinas, pues a su alrededores sólo
hay máquinas y hombres apilando los escombros de la devastación inducida.
Con
sus 60 metros de altura, el Toreo no termina de desdibujarse de la mente de los
que acudieron a algún concierto de
Antonio Aguilar o de La Scala de Milán, ni de los conductores que a diario
transitan por la zona.
De igual manera, quedarán en el recuerdo los
actos políticos, sobre todo de los candidatos presidenciales panistas, partido
que, por cierto, fue el encargado de realizar el último evento dentro del Toreo
de Cuatro Caminos.
El presidente blanquiazul realizó un acto con miras a las
elecciones del 2009.
Sin olvidar que Felipe Calderón y Vicente Fox
iniciaron ahí sus campañas presidenciales.
Cabe señalar que el domo que cubrió la plaza
desde 1968 prácticamente ha desaparecido, luego de que más de un centenar de
empleados empezaron la desmantelación de su cubierta y butacas.
Los conductores ya no podrán tomar como
referencia de la división del Estado de México y el Distrito Federal en la zona
norte a esa estructura semiesférica que durante los días soleados deslumbraba
por el reflejo del astro rey.
Jonathan Villanueva
LA CRONICA DE HOY
|